Israel

El último adiós a los Bibas por las carreteras de Israel

Y llegó el día que nunca hubiéramos querido tener que dejar registrado en la memoria del pueblo en Israel y el pueblo judío en general: Shiri Bibas y sus pequeños hijos Kfir y Ariel, son sepultados este miércoles a su descanso eterno en la tierra de Israel. Y los acompaña el país, envolviéndolos en una atmósfera de duelo nacional. La mayor procesión fúnebre civil, dicen, en la historia de Israel.

Decenas de miles de ciudadanos salieron temprano a la mañana a las calles a rendir homenaje, especialmente a lo largo del trayecto que se sabía recorrería la procesión fúnebre. Con banderas, con remeras y globos rojos, con carteles que decían “perdón”.

El doloroso cortejo salió de las instalaciones de la Jevrá Kadísha, la empresa fúnebre, en Rishon Letzion, adonde fueron trasladados días atrás los ataúdes con los cuerpos sin vida de Shiri y los niños, reconocidos el jueves y viernes último en el Instituto Nacional de Medicina Forense. Numerosos israelíes se dieron cita ya allí para despedirlos cuando emprendían el camino hacia el sur.

En una enorme camioneta negra estaba Yarden, junto a los ataúdes, acompañado por su hermana Ofri, quien escribió en las redes un mensaje al pueblo, diciendo que desde adentro ve un país desgarrado por el dolor. “No podremos recuperarnos hasta que no haya vuelto el último de los secuestrados de Gaza”, afirmó. Y en nombre de Yarden, se disculpó: “Yarden quisiera bajar y abrazar a todos y cada uno”.

 

Y nos preguntamos si el inconmensurable dolor de Yarden podía hallar al menos un pequeño, ínfimo consuelo, al sentir que el pueblo lo acompaña. Al volver de su horrendo cautiverio hace dos semanas, oyó que la familia no tenía novedades de Shiri y los niños. Que no había pruebas de que lo que le habían dicho los terroristas ya mucho tiempo atrás, que estaban muertos, era cierto. Pero tampoco motivos para abrigar verdaderas esperanzas. Y luego llegó la confirmación espeluznante: el jueves fueron reconocidos los restos de sus hijos. Y tras el drama de confirmarse que el otro cuerpo entregado por los terroristas no era de Shiri, devolvieron otro al día siguiente, que sí fue identificado.

Se terminó definitivamente la esperanza que el corazón podía abrigar. Queda el recuerdo, la desazón. Y la furia. Ante todo, contra los asesinos. Y también contra quienes deberían haber previsto, evitado, impedido el horror…y no lo supieron hacer.

Esta jornada tan dolorosa, es también una dura ocasión para ver la naturaleza del pueblo de Israel. Como todos, tiene sus fallas, sus imperfecciones, como toda sociedad de seres humanos. Pero la caracterizan valores que no son sobreentendidos. Solidario, consciente de que no se puede dejar a hermanos sufriendo solos en su dolor.

Habitantes del norte y centro de Israel se levantaron muy temprano a la madrugada para estar a la hora indicada, con una bandera, esperando el paso de la procesión fúnebre.

“Es lo mínimo que podemos hacer, rendirles homenaje hoy”, nos dijo en Rishon Letzion Vivian Cohn. Shirly Lahana, de 47 años, que salió a la calle con sus tres hijos  no tenía dudas que ese era el lugar para estar en ese momento. “A la escuela irán después.Esto es una lección de ciudadanía”.

Y Tomer Becker de Kfar Saba, que se levantó a las 5 para ir con sus dos hijos a uno de los cruces carreteros del sur por donde sabía pasaría la procesión, explicó a la radio israelí que “yo les di la opción, les dije que habría que salir muy temprano para acompañar unos segundos a la familia Bibas, y me alegra que hayan decidido venir conmigo”.

El himno nacional “Hatikva” fue entonado espontáneamente en distintos puntos. En la carretera conducente al cruce Rishonim, ciudadanos esperaban despedir a Shiri y sus hijos con un enorme cartel: “Familia Silberman Bibas, el pueblo está con ustedes, con dolor y con amor”. (Silberman era el apellido de soltera de Shiri. Sus padres Iosi y Marguit Silberman, también fueron asesinados en el kibutz Nir Oz. Su hermana Dana es la única que sobrevivió).

Desde el 7 de octubre del 2023, Israel ha perdido a muchos hijos. Son numerosos los símbolos que deben quedar para siempre en la memoria nacional. Los más de 1200 asesinados en la masacre, los secuestrados asesinados y muertos en cautiverio y por supuesto los más de 800 soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel que cayeron combatiendo para defender al país y al pueblo, soñando con salvar secuestrados. Cada uno tiene y tendrá por siempre un lugar en el recuerdo nacional. Ha habido también otros niños asesinados el 7 de octubre. Diez niños en el kibutz Beerí, la menor de ellos de tan solo 10 meses. Familias enteras con sus hijos, que nunca volverán. Cada uno merecía el homenaje que se da hoy a los Bibas. Destacar el dolor por Shiri, Kfir y Ariel, no es minimizar la importancia de todos los demás. 

Pero es ineludible que se hayan convertido en un símbolo. Porque vimos a Shiri cuando era secuestrada, con expresión de horror en su rostro rodeada de terroristas armados, con sus chiquitos en brazos. Porque mucho tiempo tuvimos la esperanza de que en uno de los teatros del horror orquestados por Hamas, se abra una camioneta y los tres salgan a la libertad a cambio de algún archi asesino terrorista exigido por Hamas. Porque vimos una familia entera en manos del mal.

Hoy, al despedir a Shiri, Kfir y Ariel, honramos también la memoria de todas las víctimas del 7 de octubre, también aquellos cuyos nombres son conocidos sólo por los suyos cercanos. A todos, perdón.

 

Ana Jerozolimski
(26 Febrero 2025 , 05:51)

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