Israel está viviendo momentos muy difíciles, no solamente por los múltiples enemigos que quieren su mal sino también por su situación interna. No asusta que haya divisiones, las cuales son comprensibles y naturales en una sociedad multifacética como la israelí. Éstas pueden ser hasta enriquecedoras. Pero ahora, es otra cosa.
El propio Primer Ministro Biniamin Netanyahu está siguiendo una línea que debilita a la sociedad israelí, por más que se la presente como resultado de la máxima preocupación por la seguridad nacional. La nueva luz roja de alarma se encendió al haber anunciado Netanyahu este domingo que decidió destituir a Ronen Bar, el jefe del Shin Bet, o sea el Shabak, el Servicio General de Seguridad, diciendo que no le tiene confianza. Si bien es lógico que el Primer Ministro necesite confiar en quien encabeza el Shabak, por más que éste no es un cargo político de confianza sino absolutamente profesional, al conocer lo que ha estado ocurriendo aquí, entendemos que aquí hay otro problema, especialmente preocupante.
El 7 de octubre del 2023, como ya es sabido, Israel sufrió la mayor matanza de judíos desde el Holocausto, con la invasión de miles de terroristas a su territorio soberano en el sur del país. La responsabilidad pasa por el nivel político y el militar y de Inteligencia. Varios se han hecho responsables y otros fueron destituidos y el único que no sólo no renuncia sino que tampoco reconoce su responsabilidad ni está dispuesto a investigarla, es Netanyahu.
Primero destituyó al Ministro de Defensa Yoav Gallant, acusándolo de frenar decisiones claves para la seguridad de Israel, una situación diametralmente opuesta de lo descripto por los ex jefes del Estado Mayor , hoy políticos de oposición, Beni Gantz y Gadi Eizenkot, que fueron miembros del gabinete de seguridad. El Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel Teniente General Herzi Halevi dijo desde un comienzo que se hace responsable por su parte , y finalmente dimitió al parecer antes de lo que pensaba, por presiones de Netanyahu y su entorno. También renunciaron el jefe del Comando Sur General Yaron Finkelman, el Jefe de Operaciones General Oded Basiuk y el jefe del Servicio de Inteligencia General Aharon Haliva, además de otros oficiales de menor rango. Netanyahu no da señales de concebir siquiera hacerlo sino todo lo contrario: se opone siquiera a la formación de una comisión oficial de investigación, que evidentemente lo investigaría tanto a él como a la cúpula de seguridad.
También el jefe del Shabak, que indudablemente tiene parte de la responsabilidad, dijo que renunciará , pero que no lo hará antes de la recuperación de los secuestrados ,la preparación de sus posibles sucesores y la finalización de algunas investigaciones delicadas en curso.
Y ahora Netanyahu habla de “falta de confianza” en Ronen Bar, quien niega rotundamente que esa sea la razón. El hecho es que ha transcurrido ya casi un año y medio desde el 7 de octubre y en ningún momento, hasta hace poco, Netanyahu pidió la renuncia de Ronen Bar. Dos semanas después del 7 de octubre, Netanyahu elogió entusiasta y públicamente el trabajo del Shabak para salvar vidas de israelíes. Dos semanas después de destituir a Gallant, aclaró que no quitará de su cargo a ningún otro alto mando de seguridad. Y cuando fue nombrado Israel Katz como nuevo Ministro de Defensa, Netanyahu les escribió tanto al jefe del Shabak como al del Mossad, que espera que sigan trabajando también con el nuevo titular.
¿Qué cambió desde entonces?
Dos cosas.
Por un lado, una investigación interna del SHABAK sobre lo ocurrido, en cuyo resumen-entregado a Netanyahu- se dice claramente que también la línea política seguida durante mucho tiempo por el gobierno y especialmente por el Primer Ministro, incidió directamente en la situación y llevó al fortalecimiento de Hamas a través del dinero catarí que Netanyahu no sólo autorizó sino propulsó repetidamente que sea entregado. Según el informe, el SHABAK lanzó repetidamente serias advertencias pero Netanyahu las desoyó.
Evidentemente, esto no exime al SHABAK de sus errores, que reconoce. Pero Netanyahu no acepta al parecer que se exponga los suyos, y no quiere a su lado a quienes lo desafían.
El otro elemento es el inicio de una investigación que en Israel se ha llamado en los medios “Catargate”, en la que se estudian las sospechas que tres de los principales asesores de Netanyahu recibieron pagos directos de Catar para darles el servicio de relaciones públicas a fin de blanquear el nombre del emirato pro-Hamas ante la opinión pública.
Esto también puede estar ligado a lo que muchos israelíes no comprenden: por qué aferrarse a la mediación de Catar, un país que financió y fortaleció a Hamas, afiliado a los Hermanos Musulmanes, que no aporta realmente a la solución de los problemas pendientes.
En una carta que envió Netanyahu a la asesora jurídica del gobierno, a la que también quiere despedir, el Primer Ministro aseguró que ella aprobó la investigación en cuestión porque se enteró por los medios que estaba pensando destituir a Ronen Bar. O sea, acusó a la Fiscal del Estado de inventar una investigación de sus principales asesores , sin razón verdadera. La asesora sostiene que hay choque de intereses al intentar despedir a Ronen Bar, cuando el servicio que encabeza está invstigando a la oficina del Premier.
Esta es otra prueba que el problema va mucho màs allá de Ronen Bar. El problema es que desde que fue imputado años atrás por sospechas de corrupción , Netanyahu comenzó una campaña en la que gradualmente fue avanzando en sus acusaciones contra las instancias del Estado relacionadas a ello. Fue quitando legitimidad al accionar del asesor jurídico del gobierno que como fiscal del estado decidió imputarlo, al sistema judicial en general, a la policía que lo investigó, a los jueces….y el tema no es alegar que todos ellos son infalibles o que no hay nada que corregir, sino que el daño que hizo ensuciando a todos esos marcos encargados de hacer respetar la ley, fue un daño al país, al estado. Netanyahu fue durante años el mayor defensor de la Suprema corte de Justicia de Israel y desde hace unos años, es su mayor detractor, a tal punto que dijo que no tiene confianza en su nuevo presidente el juez supremo Itzjak Amit.
Amit sería quien nombre, por ley, a los miembros de una comisión de investigación oficial.
Según reveló este lunes de noche el cronista de asuntos militares del canal N12 , en el anexo de la investigación del SHABAK sobre el 7 de octubre, que fue entregado a Netanyahu, hay múltiples ejemplos y documentos sobre la forma en que el Primer Ministro desoyó todas las advertencias sobre Hamas. Quizás estima que quitando a Ronen Bar del medio, todo se esfumará.
Israel tiene aún muchos desafíos con los que lidiar y enemigos a los que derrotar. También tiene que abocarse al enorme esfuerzo por recuperar a los secuestrados. Nunca , y menos ahora, es momento para debilitar a las instituciones encargadas de hacer cumplir la ley, volviendo a las épocas previas al 7 de octubre que sumieron al país en un estado tal de división interna que dio a entender a los enemigos que es el momento de atacarlo. Netanyahu lo sabe. Debe cambiar de rumbo.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(17 de Marzo de 2025)
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