En diferentes cines del mundo, incluyendo la Cinemateca de Montevideo, se estrena la película ganadora del Oscar “No other land”, co-producción de cineastas israelíes y palestinos, lo cual ya causa buena impresión porque hace pensar en cooperación en pro de la paz y el diálogo. El problema es cuando ese vínculo se usa para demonizar a Israel, distorsionar la realidad y así difundir odio basado en imágenes que faltan a la verdad.
Eso es lo que hicieron con su película Yuval Abraham y Basel Adra, en cooperación con Hamdan Ballal y Rachel Szor, quienes amparados en el derecho a la libertad de expresión, crearon una película que presenta a los palestinos como víctimas de despojo y expulsión, y a los israelíes como victimarios crueles e insensibles, dispuestos a evacuar violentamente a pobres civiles de sus casas en tierras milenarias.
La verdad es otra: el lugar presentado como foco del drama, Masafer Yatta, que aparece como un área en la que los palestinos vivieron por siglos, no les pertenece sino que hace unos 30 años (no, no hace siglos) comenzaron a construir allí en forma ilegal. Y sí, fueron evacuados. Ni milenario ni despojados de su tierra, porque no es de ellos. Hay un conflicto puntual en una pequeña parte de Yatta, y nada tiene de milenario.
Yatta se encuentra en la zona C que los acuerdos de Oslo entre Israel y los palestinos determinaron quede bajo control israelí hasta que se llegue a una solución permanente. Las otras zonas son la A, bajo control de la Autoridad palestina, y la B, en la que Israel es responsable por la seguridad y la AP tiene competencias civiles. La Autoridad Palestina quiere imponer su presencia en el terreno también fuera de la zona A que se les destinó, envía a gente a construir donde no tiene permiso, y así se desatan conflictos.
Esto, además del hecho que de Yatta salieron no pocos terroristas que perpetraron atentados con víctimas mortales en Israel.
Quizás una de las mejores demostraciones de la problemática de fondo, es que mientras en Israel se criticaba la película por razones como las planteadas aquí arriba, el movimiento BDS que llama a boicotear a Israel porque se opone a su existencia misma, criticó la película porque al haber sido hecha conjuntamente por israelíes y palestinos “apoya la normalización con el enemigo”.
Ese es el problema fundamental de fondo, no de la película sino de la situación general con la que lidia Israel, enfrentada en un conflicto con los palestinos a los que el mundo ve como víctimas sin conocer la situación.
Con estas líneas, ni alegamos que todo lo que hace Israel está perfecto, ni que no hay sufrimiento palestino. Pero entre eso y la distorsión de la realidad en el terreno hay una distancia sideral. El discurso de Basel Adra en la ceremonia de los Oscar fue una buena puesta en escena , pero es lamentable que su llamado a “resistencia” no haya ido acompañado de alguna condena de los crímenes terroristas de Hamas cometidos el 7 de octubre contra la población civil israelí. Durante varios días luego de la ceremonia, se publicó que uno de los colaboradores en este proyecto cinematográfico había sido Haim Katsman, asesinado el 7 de octubre del 2023 en el asalto terrorista al sur de Israel. También nosotros nos hicimos eco de ello, pero debemos retractarnos, ya que la madre de Katsman aclaró que eso no es cierto. Su hijo fue en efecto asesinado por terroristas el 7 de octubre, pero no había tenido nada que ver con esta película.
De más está aclarar que ninguna publicaciòn basada en una mentira debe ser reproducida, tampoco cuando da fuerza al argumento que uno defiende.
Lo seguro es que nadie en los discursos del Oscar al recibir el premio por "No Other Land" consideró que es oportuno condenar el horror del 7 de octubre que cobró la vida de más de 1200 personas , la mayoría civiles, además del secuestro de 251 por la fuerza a Gaza. Ni el palestino que habló ni el israelí que comulga con su línea política.
De todos modos, digamos que eso es sobre el ambiente general en el que operan, no sobre la película misma. Lo central al escribir sobre "No Other Land" es que está basada en una mentira y distorsiona los hechos para demonizar a Israel.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(15 de Marzo de 2025)
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