Este miércoles 26 de febrero se dio sepultura a Shiri Bibas y sus pequeños hijos Kfir y Ariel, secuestrados y asesinados cuando tenían 8 meses y 4 años respectivamente. La ciudadanía israelí declaró extraoficialmente duelo nacional, al salir a las calles por miles y miles, al colmar carreteras y puentes con banderas de Israel y globos anaranjados, al gritar al paso del proceso fúnebre “¡Yarden, perdón!”, sabiendo que el esposo de Shiri y papá de los niños pelirrojos, los perdió para siempre.
Desde el 7 de octubre del 2023, Israel ha perdido a muchos hijos. Son numerosos los símbolos que deben quedar para siempre en la memoria nacional. Los más de 1200 asesinados en la masacre, los secuestrados asesinados y muertos en cautiverio, las innumerables muestras de heroísmo y sacrificio por el prójimo y por supuesto los más de 800 soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel que cayeron combatiendo para defender al país y al pueblo, soñando con salvar secuestrados.
Cada uno tiene y tendrá por siempre un lugar en el recuerdo nacional. Ha habido también otros niños asesinados el 7 de octubre. Diez niños en el kibutz Beerí, la menor de ellos de tan solo 10 meses. Familias enteras con sus hijos, que nunca volverán. Cada uno merecía el homenaje que se da hoy a los Bibas. Destacar el dolor por Shiri, Kfir y Ariel, no es minimizar la importancia de todos los demás.
Pero es ineludible que se hayan convertido en un símbolo. Porque vimos a Shiri cuando era secuestrada, con expresión de horror en su rostro rodeada de terroristas armados, con sus chiquitos en brazos. Porque mucho tiempo tuvimos la esperanza de que en uno de los teatros del horror orquestados por Hamas, se abra una camioneta y los tres salgan a la libertad a cambio de algún archi asesino terrorista exigido por Hamas. Porque vimos una familia entera en manos del mal.Porque su asesinato es una horrenda muestra de crueldad.
La guerra desatada por la masacre del 7 de octubre, cuando Israel se tuvo que defender, ha traído a la realidad israelí nuevas tradiciones. Al menos, no las recordamos de guerras anteriores, cada una de ellas con sus simbolismos por cierto.
Largas filas de ciudadanos que salen con la bandera de Israel a rendir homenaje a los caídos a lo largo del trayecto de la procesión fúnebre en camino al cementerio. Enormes cantidades de pegotines o imanes con el rostro de alguno de los caídos y una frase o idea que lo caracterizaba. Están por doquier, en las paradas de ómnibus, en los cafés, en las plazas y las calles.
Y la Plaza de los Secuestrados, convertida en un sitio de peregrinación al que mucha gente va para llorar junto a otros. O para festejar cuando vuelven secuestrados con vida-
Y los cantantes admirados o queridos por tal o cual caído, que se enteran por declaraciones de los familiares a la prensa, y se hacen presentes en el funeral.
Y esa situación singular en la que tantos israelíes conocen de cerca a israelíes que nunca vieron, pero reconocen su rostro, saben de su familia y amigos, de sus gustos y amores, porque son los secuestrados que en gran medida son hijos, hermanos, amigos de todos, y ya constituyen parte de nuestra propia vida.
Y la cadena con el dije rectangular por los secuestrados que tantos llevan siempre colgada al cuello. “Mi corazón está preso en Gaza”, dice el texto.
Y las cintas amarillas en los coches.
Y la tradicional concentración ciudadana de los sábados de noche en la Plaza de los Secuestrados.
Y la serie “Inolvidables” en la radio pública israelí, en la que se honra la memoria de algún caído en combate o asesinado el 7 de octubre, contando sobre su vida y sus sueños, y suele incluir un corto audio suyo, algún mensaje que mandó a sus seres queridos…y uno siente que no murió, que todavía está allí.
Y sí, los Bibas. También los Bibas. Shiri hermosa de jovencita, con rostro de pavor ese 7 de octubre con sus pequeños en brazos, sus bellísimas fotos de la boda con Yarden, el video del bebé Krir con su carcajada contagiosa cuando su papá le besaba la espalda…y la foto de Ariel disfrazado de su héroe preferido Batman. Este miércoles, en la pantalla gigante en la Plaza, mientras se esperaba la transmisión desde el cementerio, fueron compartidas numerosas fotos de la familia Bibas en tiempos felices. En una de ellas Ariel mostraba una cartulina en la que había dibujado a Batman. Y abajo, unas palabras que cabe suponer escribieron sus padres o su maestra jardinera de acuerdo a sus indicaciones: “Vuelo y salvo gente que está atascada en un pozo”.
Estremecedor.
Este miércoles, al despedir a Shiri, Kfir y Ariel, honramos también la memoria de todas las víctimas del 7 de octubre, también aquellos cuyos nombres son conocidos sólo por los suyos cercanos. A todos, cabe pedir perdón por no haberlos podido salvar.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(26 de Febrero de 2025)
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