Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Luces y sombras del gran discurso de Netanyahu en el Congreso norteamericano


 

Ayer miércoles, el Primer Ministro de Israel Biniamin Netanyahu fue recibido por las dos cámaras del Congreso de Estados Unidos, y pronunció un impactante discurso, el cuarto en dicho marco a lo largo de los años. Si bien no pocos demócratas se abstuvieron de aplaudir y hubo también quienes ni siquiera llegaron- entre ellos la propia nueva Candidata a la Presidencia Kamela Harris- la ovación a Netanyahu fue clarísima, incluyendo decenas de veces que los presentes aplaudieron de pie por largos minutos. Más allá de lo que cada uno pueda pensar de Netanyahu y de la opinión sobre su desempeño político- y nosotros tenemos numerosas críticas para hacerle-  ver al Primer Ministro de Israel recibido de esa forma, es muy especial. Y este discurso tuvo numerosos momentos muy emocionantes. 

Nadie le gana a Netanyahu en oratoria. Pronuncia discursos brillantes. Y el de este miércoles no fue la excepción. Supo explicar a la perfección cuál es el significado y el sentido de la guerra actual, y lo resumió claramente ya al comienzo, al decir que “esto no es un choque entre civilizaciones sino entre civilización y barbarie, entre quienes santifican la vida y quienes optan por la muerte”.

Supo también tocar emociones, con fundamento. Presentó a Noa Argamani, una de las secuestradas que estuvo en manos de Hamas 8 meses y fue rescatada el 8 de junio , allí presente, junto a su padre. Y los legisladores norteamericanos parecían querer abrazarla con sus aplausos. Y a combatientes de la guerra, simbólicamente elegidos, como un Teniente de los paracaidistas, nacido en Etiopía, que al enterarse de lo que estaba sucediendo en la frontera con Gaza aquel sábado 7 de octubre, vistió su uniforme, tomó su arma y como no tenía coche, corrió 12 kms hasta llegar al frente, combatió, salvó vidas de compañeros y también de civiles en el kibutz Beerí. Y un oficial beduino musulmán, que eliminó a numerosos terroristas . Y a dos combatientes más, uno que perdió un brazo luchando y otro una pierna. Pero quieren continuar aportando al esfuerzo de lucha contra Hamas.

Nadie mejor que Netanyahu para lograr esos momentos. Y su planteamiento de la razón de la lucha contra el terrorismo, de la importancia de apoyar a Israel como representante del mundo libre en esta lucha contra el mal, fue exacto. También fue importante la convicción que irradió al asegurar “nosotros ganaremos”.

Compartimos esa convicción, que Israel ganará , por el simple hecho que no tiene otra opción.  Y porque bien lo dijo Netanyahu “tenemos que defender sea como sea la cultura judeo-cristiana”. Es una cuestión de valores, de vida o muerte.

Pero ante oídos israelíes, junto al orgullo que causaron muchas partes del discurso, hubo también no pocos sentimientos encontrados. O hasta enojo y decepción. De quienes se preguntaron si hablaba un jefe de gobierno que debía reconocer su responsabilidad por las fallas y prometer que serán investigadas, o un mero espectador de los hechos, como si el 7 de octubre hubiera ocurrido en otro planeta. De quienes viven una pesadilla diaria en el norte de Israel, con disparos constantes de decenas y a menudo centenas de cohetes y misiles por día desde Líbano, y se sienten abandonados por el gobierno. De quienes lo vieron destacar el heroísmo de los soldados presentes pero lo vieron en los últimos meses, en repetidas ocasiones, dar a entender que el culpable del 7 de octubre es el ejército, sin hablar siquiera de su propia responsabilidad.

Para muchos, especialmente los familiares de los secuestrados que manifestaban en Washington y en Israel, la gran decepción fue que casi no mencionó el tema de las negociaciones para lograr un acuerdo en cuyo marco se recupere a todos. Sí dijo que hay contactos, inclusive alegó que “en este mismo momento hay esfuerzos”, y recalcó que hay que devolver a todos a casa. Nuestra esperanza es que no haya hecho hincapié en el tema, precisamente porque hay negociaciones secretas.

No estamos buscando equilibrar los elogios al discurso con críticas a Netanyahu. Creemos sinceramente que merece ambas. Por otra parte, probablemente el Congreso no sea el marco en el que debe mencionar  todos estos últimos elementos, pero sí debe hallar la forma de transmitirlos a la ciudadanía israelí en el plano interno.

Esa también es una forma clave de combatir el trauma del 7 de octubre. 

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(24 de Julio de 2024)

Editoriales anteriores Ver mas

Esta página fue generada en 0.0638750 segundos (1894)
2025-04-03T03:24:16-03:00