Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Israel y los árabes: el mundo al revés


 

Este título daría para mucho, pero hoy nos concentraremos en dos puntos .

Uno está relacionado a quienes se presentan como protectores de la seguridad nacional de Israel, afirmando que quienes están del otro lado venden al país. No es un invento,  usan esas palabras. Y el otro punto se refiere a la gran diferencia entre la imagen que los enemigos de Israel intentan grabar en la pupila del mundo, y lo que ocurre en la realidad.

Empecemos por el primero, relacionado a una votación que se llevó a cabo esta semana en la Kneset, Parlamento de Israel, asobre la ley de ciudadanía que fue promulgada en el 2003 y que dado que no fue aprobada nuevamente, expiró.

Es una ley promulgada por el Likud, según la cual palestinos de los territorios en disputa que contraen matrimonio con ciudadanos árabes israelíes, no tienen derecho a recibir automáticamente ciudadanía ni un estatuto ordenado de residencia permanente. El Likud siempre defendió la ley aunque fue votando año a año su renovación temporaria, en lugar de elaborar una ley permanente, por exigencias de los tribunales de un texto revisado que pueda ser aceptado en forma fija. El Likud y su jefe Biniamin Netanyahu, hasta hace poco Primer Ministro de Israel, sostuvieron siempre que es una ley necesaria desde un punto de vista de seguridad. Detrás de las bambalinas, se habló siempre también del aspecto demográfico.

Pues ahora, dado que quien presentaba la ley a votación antes de expirar era el nuevo gobierno encabezado por Naftali Bennett, que Netayahu y su bloque insisten en presentar continuamente como ilegítimo e inaceptable, votaron en contra. Lo que guió a la oposición encabezada por Netanyahu fue ante todo el deseo de humillar a la coalición de Bennet, de hacer todo por ridiculizarla e intentar derribarla, y no las consideraciones de seguridad que el Likud siempre dijo están detrás de la ley en cuestión.

Que la oposición tiene casi por definición el rol de derribar al gobierno, está claro. En todos lados,no sólo en Israel. Pero cuando de fondo lo que hay es un esfuerzo continuo por quitar legitimidad a una coalición que recibió democráticamente el apoyo de la Kneset, presentándola como producto de un engaño y como una catástrofe para Israel, y cuando a fin de quitarla del medio el Likud está dispuesto también a votar contra una ley que antes defendía por considerarla clave para la seguridad nacional, hay motivos para estar preocupados.

Y ahora, unas aclaraciones sobre la ley.

Claro está que no suena muy simpática, por decirlo delicadamente.

Pero contrariamente a lo que alegan algunos de sus críticos entre los árabes israelíes, incluyendo el Ministro de Cooperación Regional Issawi Freij del partido Meretz,no es una ley “racista”. Los palestinos a los que se está limitando, son parte de un conflicto armado con Israel. Junto a quienes se enamoran y desean simplemente vivir en paz y formar una familia, están también los casos de casamientos ficticios en los que uno de los cónyuges estuvo involucrado en atentados terroristas. Pero inclusive sin llegar a eso, Israel tiene todo el derecho del mundo a no querer que habitantes del territorio vecino en conflicto, se sumen a sus fronteras.

Hasta el 2003, no había ninguna ley que regule esta situación. Aproximadamente 200 mil palestinos recibieron la ciudadanía israelí hasta que se promulgó la ley en el 2003, en medio de la cruenta intifada, por la recurrencia de atentados.

Y ahora, de hecho, la negativa no es absoluta y generalizada sino que la Ministra del Interior deberá analizar cada caso que le sea presentado y decidir.

De fondo también está el tema de la demografía, que mencionamos antes al pasar.

Israel es el único Estado judío del mundo y quiere preservar su carácter como tal. Lo consideramos legítimo. Todo país tiene derecho a determinar condiciones para otorgar ciudadanía o residencia permanente a extraños que quieren vivir en su territorio. Es lo más común.

Israel, como país en conflicto que lidia con tantas amenazas, tiene no menos derecho que los demás a tratar de regular este tema.

A raíz de la expiración de la ley, miles de palestinos casados con árabes israelíes ya han iniciado el proceso para regularizar su situación. Si lo logran, es en parte al menos ,“gracias” a la votación del Likud.

Y  sobre el segundo punto,primero un recordatorio.

¿Todos tienen claro que enemigos de Israel suelen presentarlo como un estado apartheid, como opresor y violador de los derechos humanos?

Entonces ¿por qué tantos miles de palestinos quieren convertirse en sus ciudadanos? ¿No hay aquí algún elemento no tan lógico?

¿No será que la realidad es muy distinta de lo que algunos alegan?

¿Y tengo que aclarar que mi pregunta es absolutamente retórica?

Estimo que no.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(8 de Julio de 2021)

Editoriales anteriores Ver mas

Esta página fue generada en 0.0503631 segundos (7065)
2025-04-05T11:31:29-03:00