Al individuo despreciable que se mandó un comentario de claro tinte antisemita en Twitter, ni lo queremos mencionar. Claro que eso no cambia mucho, ya que todos saben de quién se trata. Pero como lo que él quiere es que se hable de él y aparecer bajo los reflectores-no por cosas buenas sino destilando veneno- no le vamos a dar el gusto.
La verdad, siento que tengo que comenzar estas líneas compartiendo con los lectores un dilema. Cuando hay un comentario antisemita, más que nada de parte de una figura pública que tiene cierta cantidad de seguidores, el impulso es contestarle, poner los puntos sobre las íes, recordarle la bajeza de su actitud. Por otro lado, no queremos darle vuelo ni ayudar a que sus comentarios se reproduzcan, seguro que no darle tribuna ni notoriedad. Que le hable a la pared.
Pero claro, el tema es que sabemos que siempre hay algún elemento bajo en la sociedad-y eso no se mide con tablas de valores, no de posiciones socioeconómicas ni afiliaciones partidarias-que está dispuesto a escuchar barbaridades. Y como todos tenemos claro que Uruguay no es un país antisemita pero que hay antisemitas en Uruguay, sabíamos que habría también quien lo apoye con otros comentarios de odio en las redes.
Lo bueno es que salieron políticos legisladores y figuras públicas de los distintos partidos-PN, PC y FA- a condenar el tuit antisemita del individuo en cuestión. No porque sorprenda a alguien su tonito, sino porque hay cosas ante las que uno no puede quedar callado.Y muy bien hicieron los políticos que lo condenaron, inclusive si con eso lo dejaron contento por ver que sus palabras surten algún efecto.
Es que el repudio es ineludible. Siempre. Y más aún faltando tan poco para el 8 de marzo, el quinto aniversario del asesinato del sanducero David Fremd, de bendita memoria, asesinado por un antisemita, por ser judío. Aquel día que ninguno de nosotros pensó jamás podía llegar, marcó un antes y un después en nuestro tranquilo Uruguay. Ni antes de aquel día terrible, ni después- como ya dijimos- podíamos referirnos a Uruguay como un país antisemita. Pero siempre supimos que antisemitas, hay también en Uruguay. El asesino, un uruguayo convertido al Islam y radicalizado con materiales incitadores contra los judíos, no nació antisemita. Estuvo expuesto a determinados mensajes y los cargó en el cuchillo con el que mató al bueno de David, porque “tenía que matar a un judío”. Y eso no lo podemos olvidar. Por eso no podemos subestimar ningún exabrupto antisemita que uno nunca sabe quién está leyendo o escuchando.
Comprendamos que antisemitismo no es sólo llamar a matar judíos.
Quizás una de las peores formas de tratar de desacreditar a los judíos- en este caso al Profesor Henry Cohen, que sugirió fue nombrado como miembro del GACH por “presión del lobby judío”- es presentarlos como quienes están donde están no por sus méritos sino por manejos oscuros de alguien. Claro que su bajeza es especialmente patética, porque no debe haber hoy un uruguayo que no conozca la gran labor de este gran ciudadano, uruguayo judío, que junto al Profesor Rafael Radi y al Ingeniero Fernando Paganini, dedican tiempo y alma a su asesoría al gobierno en la guerra contra el Coronavirus. De más está decir, sin cobrar un peso.
En realidad, no sorprende. Cuando una figura oscura como el individuo antisemita en cuestión tiene que recurrir al concepto del “lobby judío”, propio de quien busca fantasmas misteriosos , es porque no tiene nada inteligente para decir.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(23 de Febrero de 2021)
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