Nos alegra sobremanera que continúe ampliándose el círculo de países árabes que deciden normalizar sus relaciones con Israel. Pero nos preocupa que parte del “pago” por ello, sean transacciones armamentistas importantes de dichos países con Estados Unidos. Tratándose de países autoritarios, no democráticos, siempre hay de fondo un riesgo.
Trataré de analizarlo paso a paso.
La paz de varios países con Israel es un profundo cambio en Oriente Medio, y eso es una excelente noticia. A mediados de setiembre fueron los Emiratos Árabes Unidos y Bahrein, luego vino Sudán y este viernes Marruecos. Se suman, claro, a Egipto y Jordania que firmaron la paz con Israel hace ya varias décadas.
Con los Emiratos el proceso es hasta difícil de describir. A juzgar por la cantidad de iniciativas conjuntas, de los proyectos lanzados y de los planes compartidos en diferentes áreas-además por cierto de las multitudes de israelíes que ya han visitado este singular país del Golfo- parecen dos amantes que festejan poder sacar al aire libre una relación secreta de años. Finanzas, turismo, investigación académica, cooperación científica y médica y decenas de ejemplos más.
Es bueno. No. No bueno. Es excelente. Si recordamos que el mundo árabe todo boicoteó durante décadas a Israel, que a través de los países del “frente” se oponía a la existencia misma del Estado judío , es increíble ver que cada día otro busca su compañía, su cercanía, su sapiencia, su desarrollo. En esto, se debe destacar positivamente el rol jugado por el Primer Ministro de Israel Biniamin Netanyahu.
Este sábado se agregó otro eslabón al collar, aunque nada tiene que ver con el conflicto árabe israelí: el reino de Bután . Se trata de un reino budista en el Himalaya, limítrofe con India y el Tibet autónomo, que tiene relaciones diplomáticas solamente con 53 países del mundo. Entre ellos no se cuentan ni Estados Unidos ni Gran Bretaña, Francia o Rusia. Y ahora, firman con Israel.
Volvamos a los países árabes, a los cuales parece clarísimo que se sumarán próximamente otros, tanto en el mundo árabe como países musulmanes en otros lares. Es un golpe para todos los interesados en boicotear y demonizar a Israel. Y eso, claro está, es excelente.
Claro que nada se hace simplemente por amor. La política internacional es una cuestión de intereses y conveniencias. No estamos diciendo que eso siempre sea bueno. Por ejemplo, cuando países amigos no apoyan a Israel ante resoluciones patéticas, absurdas e injustas que las Naciones Unidas siempre logran inventar en su contra, no creemos que baste con aludir a intereses. También los principios tienen que ocupar su lugar en las relaciones internacionales.
Pero a lo que íbamos con la aclaración que “nada se hace simplemente por amor”, es a que los países en cuestión no firmaron la paz sólo para acercarse a Israel sino a Estados Unidos. Fue el Presidente Donald Trump quien logró aportar considerablemente a estos acuerdos. Su aporte, en este sentido, a un cambio geopolítico positivo en la región, es importante.
Pero también hay otra cara de la moneda, mucho menos feliz.
En la mayoría de los casos, los países árabes que normalizaron sus relaciones con Israel, pactaron enormes transacciones armamentistas con Estados Unidos. En el caso de los Emiratos y Bahrein parece claro que se sienten amenazados por Irán similarmente a Israel-aunque Irán nunca dijo que los quiere eliminar de la faz de la Tierra- y en el caso de Marruecos, le fortalecen ante el Frente Polisario de Sahara Occidental .
No es cierto lo que dijo el Primer Ministro de Israel Biniamin Netanyahu cuando se anunció el acuerdo con los Emiratos y Bahrein. Esto no es simplemente paz por paz. Hay mucho detrás de las bambalinas. También con Marruecos.
Aclaremos, para no sonar a aguafiestas. No minimizamos en absoluto la importancia de todos estos acuerdos. Y creemos que los gobiernos que firman la paz con Israel saben que es buena para ellos y que servirá a sus intereses . Pero por más acuerdos de cooperación y por más turistas israelíes que tengan ahora nuevos destinos para visitar en la región, se ha pagado por estos acuerdos con esa fuerte moneda de las transacciones de armas con Estados Unidos.
No es que pensamos que quienes hoy firman la paz, se vuelquen mañana contra Israel. Pero en esta región –en realidad, en muchas partes del mundo-es imposible asegurar que un régimen perdure eternamente, especialmente tratándose de países no democráticos. Basta con mirar lo ocurrido en Egipto en la última década: Husni Mubarak, Muhamad Mursi, Al-Sisi. Cada uno con distintas prioridades y matices.
La paz con Israel aporta estabilidad, por cierto mucho más que cualquier tipo de guerra. Las armas, necesarias por cierto para defenderse-si lo sabrá Israel-también son peligrosas. Depende en qué manos estén.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(12 de Diciembre de 2020)
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