Sobre la reciente nueva votación en la ONU sobre Israel
La Asamblea General de las Naciones Unidas pidió este lunes a Israel que "renunciara a la posesión de armas nucleares", que “no desarrollara, produjera, probara o adquiriera armas nucleares" y que “someta todas sus instalaciones nucleares no protegidas
a las salvaguardias del Organismo de alcance completo como una importante medida de fomento de la confianza entre todos los Estados de la región y como paso hacia la mejora de la paz y la seguridad".
Así lo resumió la cronista Tova Lazaroff del The Jerusalem Post.
¿Cuál es el problema?, dirán muchos…¿verdad? ¿De qué nos vamos a quejar en este editorial ante un pedido tan lógico que refleja preocupación por la paz mundial? ¿No?
Pues primero, una aclaración…casi decimos “técnica”, pero es un poco más que eso: nadie puede confirmar que Israel tiene armas nucleares. Evidentemente eso es lo que se presume desde hace mucho tiempo, lo que afirman fuentes extranjeras. Hace ya mucho que se estima en el exterior que el reactor nuclear de Dimona no está dedicado a la investigación científica. Puede ser. Y puede que no. No estamos en condiciones ni de confirmarlo ni de desmentirlo. La política oficial de Israel siempre fue mantener nebulosa al respecto, como arma de disuasión ante sus enemigos. Que crean que tiene, mejor, así quizás piensan dos veces antes de atacar.
Hecha esta salvedad ineludible, vamos a lo central en este editorial.
Supongamos que Israel tiene armas nucleares. Evidentemente, es una posibilidad. ¿Qué tiene de malo entonces que un mundo deseoso de la paz le pide que las elimine, que se deshaga de las mismas?
Pues aclaremos. El problema no es que se ansíe vivir en un mundo sin armas nucleares. Compartimos ese objetivo plenamente. El problema con la votación en la ONU es que, como siempre, se coloca a Israel en el banquillo de acusados, fruto de una enfermiza obsesión con el Estado judío, encontrando cada vez otro tema para señalarlo y aislarlo, mientras no se dice ni una palabra sobre un país que no sólo ya se sabe que mintió respecto a su programa nuclear militar, sino que es el único país del mundo que llama a destruir y borrar de la faz de la Tierra a otro. ¡Oh casualidad! La República Islámica de Irán, que mintió repetidamente al mundo, a la Agencia Internacional de Energía Atómica, y alegó que no buscaba la bomba-lo cual ahora está demostrado categóricamente que sí- es precisamente ese país, el que amenaza con destruir a otro, Israel. Para eso quiere la bomba. Para eso desarrolla misiles balísticos, para que sus cabezales sean capaces de portar armas nucleares.
Claro, por ahora, que sepamos, Irán no tiene la bomba. Pues hay que cerciorarse de que no la tenga.
Pero ¿acaso no ameritaría que los 153 países que votaron apoyando la resolución mencionada al comienzo de esta nota, se dignen al menos a condenar a Irán por sus declaraciones?
Nada.
Absolutamente nada.
Nunca.
Es más fácil condenar, con ese antisemitismo político ya tradicional en la ONU, a un país que vive aportando a la comunidad internacional y a la humanidad en general con iniciativas que mejoran la vida en el mundo, con esfuerzos de salvataje en situaciones de emergencia-hubo varios en las últimas dos semanas-que a los Ayatollas de Irán con quien todos se mueren por volver a comerciar.
La ONU hace ya mucho que no inspira respeto. Y escribimos enojados, pero no sorprendidos.
Lo que sí nos sorprende es que nuestro país, Uruguay, haya votado a favor de esa resolución. No porque querramos armas nucleares-en absoluto-sino por todo lo aquí planteado.
Nos sorprende, pero más que nada nos duele.
Porque Uruguay no debería dejar a Israel casi solo en ese teatro del absurdo.
Recientemente se anunció un cambio en las votaciones internacionales y hubo varias en temas que siempre se votan, en las que se pasó de apoyar resoluciones ridículas y absolutamente hostiles contra Israel, que deforman la realidad, a abstenciones. Ya lo escribimos: eso fue un paso adelante.
Sinceramente, esperábamos ansiosos ver otro paso adelante, ver que a veces Uruguay también vota en contra de las absurdas resoluciones anti israelíes de la ONU. En lugar de eso, ahora llegó esta, que tanto duele.
En realidad, aunque Uruguay es lo que más nos importa, por razones obvias, duelen también otros votos latinoamericanos. Nunca nos va a sorprender Venezuela, Bolivia, lamentablemente también Chile, Argentina…¿Y Colombia? ¿Y Guatemala? ¿Y Brasil? ¿Dónde están los grandes amigos de Israel? ¿Es tan avasallante la enfermedad anti israelí de la ONU que se traga a todos?
Lamentable. Y triste. Por Israel, que no lo merece. Y por lo que esto significa respecto al organismo mundial creado para defender a la comunidad de naciones después de la Segunda Guerra Mundial y el horror del nazismo. Y la obsesión anti israelí de la ONU nada tiene que ver con aquella loable intención.
Hay algo que no perdemos de vista. Votaron 153 países a favor. Casi el mundo entero. Es avasallante. Y lo natural podría ser decir “Ah…si todo el mundo votó ¿no será que todos tienen razón”.
No. Esa no es la explicación. De fondo hay una dinámica internacional tendenciosamente anti israelí en la ONU, que logra comerse a todos.
Y claro…no es fácil animarse a ir contra la corriente, por más retorcida que sea.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(8 de Diciembre de 2020)
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