Ante el lamentable fallecimiento del Dr. Tabaré Vázquez
A menudo pensamos cuán difícil puede ser para un médico lidiar con una situación en la que él mismo se enferma y entiende que ya no podrá recuperarse. Y cuando meses atrás se informó que el ex Presidente de la República Dr. Tabaré Vázquez tenía cáncer de pulmón, pensamos si contaría los días que le restaban. Nos preguntamos en nuestro fuero íntimo si le amargaba saber lo que se acercaba o si precisamente por haber dedicado muchos años a salvar vidas de otros, lograba enfrentar su propia situacion con una hidalguía que quizás no todos tienen.
Como durante los últimos meses sentimos que no se hablaba prácticamente del tema-no públicamente por cierto-pensamos que quizás la situación era mejor de la temida. Es más: llegamos a comunicarnos con su despacho hace pocas semanas, para preguntar si le parecía oportuno enviar un mensaje de saludo a Semanario Hebreo –en cuyas páginas publicamos varias entrevistas con él- por los 60 años del semanario más longevo de Uruguay. Nos respondieron que no está dando notas de ningún tipo. Y cuando pocos días después se publicó que había sufrido un serio deterioro en su estado de salud, nos arrepentimos de ese mensaje a su despacho, pensando que quizás le llegó cuando ya estaba muy mal aunque nosotros lo desconocíamos.
Al fallecer Tabaré de cáncer, quisiéramos recordar algo que no vivimos personalmente, pero que nos contó alguien que sí lo vivió, de primera mano: sobre la sencillez y actitud humana con que atendía a sus pacientes como oncólogo, el aliento que transmitía aunque sin esconder la verdad.
Como político, de más está decir que parte del país lo apoyaba y otra parte lo criticaba. No existe otra opción cuando de política se trata. Lanzarse al mar de la polémica nacional ineludible cuando hay distintas formas de pensar, ya es un símbolo de valentía.
Pero lo que yo quisiera hoy destacar al darle el último adiós al ex Presidente de la República Dr. Tabaré Vázquez, es que fue parte integral del admirable republicanismo uruguayo. Las imágenes del 1° de marzo en la Plaza Independencia, cuando asumió su sucesor Luis Lacalle Pou y él le pasó la banda presidencial, haciendo un gesto singular y aplaudiéndolo junto a la majestuosa estatua del Prócer de la Patria, son inolvidables. Lo escribo y se me vuelven a llenar los ojos de lágrimas. Y aquella visita al Presidente argentino a la Casa Rosada, cuando Lacalle Pou ya había resultado electo pero aún no había asumido, en la que Tabaré y su joven sucesor entraron del brazo, no es casualidad que hayan recorrido el mundo. Y no sé quién apoyaba más a quién: Lacalle Pou a un Tabaré más débil que antes, o Tabaré a Luis, que aún no había comenzado su misión. Uruguay debe agradecer por ello a ambos, a Tabaré y a Luis. Al experiente dos veces Presidente y al joven Presidente que estaba por iniciar sus funciones.
La relación bilateral de los gobiernos del Dr. Vázquez con Israel siempre fue muy positiva. De fondo estaban las vivencias que él había tenido en el Instituto Científico Weizmann en Israel. En términos de política internacional, hubo por cierto más problemas y desacuerdos, especialmente en las votaciones en las Naciones Unidas.
Hoy, al despedir Uruguay al ex Presidente, lo que quisiéramos destacar es lo que aportó al país, el tiempo que le dedicó y los logros que consiguió. Es natural que quienes no lo votaron y no eran parte de su fuerza política, recuerden también, o más que nada, lo que consideraron debía criticársele. También eso es legítimo.
Pero ante su fallecimiento, lo principal es despedirlo con honra. Que descanse en paz Presidente. Y a su familia, que no sepa más de dolor.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(6 de Diciembre de 2020)
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