-Aunque se sabía de antemano que la cosa estaría reñida y que por ende habría muchas discusiones, hay cosas que superan las expectativas, o mejor dicho los temores. Escuchar al Presidente de la gran democracia que es Estados Unidos, proclamando en medio del escrutinio que “aquí hay un gran fraude”- sin tener ningún elemento para ello- y exhortando a que se detenga el cómputo de los votos y se lo declare ganador, es absolutamente inconcebible. Si bien todo es posible tratándose de una personalidad como la de Trump, esto cruzó una línea roja por la cual en el propio partido Republicano se sintió incomodidad, quedó claro que su vice Mike Pence no lo siguió y hasta la cadena televisiva FOX identificada con posturas conservadoras y favorable a Trump, le tuvo que frenar el carro.
- Ninguno de los candidatos que gane habrá robado las elecciones. El sistema es ordenado, aunque engorroso, y lo que necesita es tiempo para terminar el escrutinio ya que por el Coronavirus, esta vez la votación por correo adquirió una envergadura sin precedentes. El problema es que cualquier alegato de un lado contra la victoria del otro, mancha al país y quita legitimidad ante el sector de la población que votó al otro lado. En cualquier parte del mundo, cuando un líder político, sea gobernante o aspirante a convertirse en tal, deslegitima a los adversarios, al campo opuesto, no los está dañando sólo a ellos sino al país en general.
-Desde Israel, país que a pesar de su fortaleza continúa lidiando con no pocos desafíos, podría parecer que se ve las opciones entre Donald Trump y Joe Biden, como una elección entre un amigo y quien no lo es. Pero eso no es correcto. Indudablemente habrá diferencias y no sólo de estilo, si gana Biden, tras años en los que al gobierno de Netanyahu le ha sido muy cómodo manejarse con la administración Trump que fue muy defensora de sus intereses. Pero Biden es un amigo de Israel, lo cual no significa sin embargo que haya identidad de opiniones en todo. El tema central es Irán. Biden ya dijo claramente que aspira a negociar con Irán un nuevo acuerdo nuclear para solucionar la crisis actual. Pero sería equivocado creer que Trump prefiere guerra. También Trump quiere una opción negociadora, pero a juzgar por lo que ha hecho hasta ahora, no tiene problemas en presionar y ponerse firme.Eso no fue lo que hizo el ex Presidente Obama , del que Biden era el número 2.
- Aunque nunca nos gustó ni el estilo ni la personalidad de Trump, creemos que algunas de las críticas de las que ha sido objeto no son justas. Y nos referimos más que nada a lo relacionado a Israel y sus vecinos. Los palestinos lo presentaron como enemigo. Que ha sido favorable a las políticas de Israel, es indudable. Pero eso no lo convierte en enemigo de los palestinos. Consideramos que varias de las posturas que tomó tuvieron como objetivo precisamente hacer que los palestinos entiendan que atrincherándose en sus posturas de los últimos años, no llegarán a ninguna solución, y que la única opción es volver a la mesa de negociaciones.
Fue para ello que su equipo elaboró el “plan del siglo”, que hablaba de anexión de parte de Judea y Samaria (Cisjordania) a Israel, pero también de la creación de un Estado palestino. Trató de impulsar un horizonte de grandes perspectivas económicas y la reacción palestina fue boicotearlo.
Poner límites a actitudes palestinas que durante décadas no acercaron en nada una solución de paz sino que por el contrario alentaron el terrorismo, fue a nuestro criterio un verdadero intento de cambiar paradigmas para que las partes se puedan acercar a una solución. Creemos que si no funcionó, no fue por él sino por los palestinos.
-Un elemento clave para poder evaluar cómo será la política de la administración en caso que Biden gane, será ver qué peso dará al sector “progresista” dentro de su partido, que en realidad es un sector radical, con algunos elementos anti israelíes (no anti Netanyahu sino anti Israel) y hasta antisemitas.
-Y si gana Trump, la gran pregunta es si acaso saber que en este nuevo período no podrá buscar una reelección, le hará cambiar de línea y de matices. Eso podría llevar a modificaciones en su política, quizás pensando más en el legado que deje que en el apoyo de tales o cuales sectores. Lo mejor que podría pasar en ese caso, sería que al menos, se calme.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(4 de Noviembre de 2020)
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