Entrevistas

La libertad de cultos en Israel a través de la vivencia de un sacerdote católico en Tel Aviv

Con el Padre Agustín Pelayo, de México

Al Padre Agustín Pelayo (45), nacido en México y residente en Israel con visa como religioso desde hace ya casi dos décadas, lo hemos entrevistado en distintas ocasiones y siempre captamos su tono optimista, su visión positiva de la vida en Israel al frente de una comunidad.  Este fraile Franciscano, que había estudiado temas relacionado al turismo y recién después se abocó al sacerdocio , estudiando para ello durante 10 años, encabezó años atrás una comunidad árabe cristiana en Beit Fajer  en la zona de Jerusalem y desde hace ya 4 es el párroco en la iglesia católica de Iafo –Tel Aviv, San Antonio de Padua.

 

Al celebrar el mundo cristiano estos días Semana Santa, y tras dos años de pandemia difíciles para la humanidad en general, pedimos nuevamente que comparta con nosotros sus vivencias y conclusiones.

Este es el diálogo mantenido.

 

 

P: Agustín, es un gusto volver a tener la oportunidad de conversar contigo.

 

R:  Muchas gracias a ti por acordarte siempre de invitarnos a compartir lo que vivimos aquí en Tierra Santa, para todos nuestros hermanos, todas las persona también que se interesen por saber la vida de los cristianos aquí, en este lugar tan importante para todos.

 

P: Un lugar singular sin duda. Estás en Israel, el único Estado Judío del mundo donde  la enorme mayoría de la población es de fe judía, con una gran minoría musulmana y una pequeña minoría cristiana. Pero sin duda el significado de esta tierra para el Cristianismo va mucho más allá del tema numérico, ya que los cristianos son sólo aproximadamente el 2% de la población pero esta es Tierra Santa.

¿Qué significa estar al frente de la iglesia católica de Iafo (Jaffa) en Tel Aviv?

 

R: Es realmente  una experiencia increíble, muy hermosa. Es un reto para mí ya que son cuatro años el estar sirviendo esta comunidad, que es una comunidad muy particular, es una comunidad católica universal, con gente de todo el mundo. Nuestra gente vive una experiencia única porque tenemos la componente árabe, tenemos también la componente filipina, africana- de países como Nigeria, Ghana, Congo y otros-y por cierto otra componente muy particular para nosotros que es la comunidad también latinoamericana. Y también, ciertamente, todos los diplomáticos que vienen aquí a rezar, a vivir su fe en esta Iglesia, que es desde Gaza hasta el Monte Carmelo  la única parroquia que hay aquí en todo el centro de la costa de Israel. 

 

P: ¿Cómo es el ambiente en una parroquia tan multifacética?

 

R: Un ambiente fraterno, muy bonito, en el que cada uno puede expresar su propia cultura, rezar en su propia lengua. Cuando vienen los peregrinos a veces les decimos en broa que Haifa trabaja, Jerusalem reza y Tel Aviv se divierte.

 

P: Genial….

 

R: Pero lo cuento con una sonrisa, porque en realidad mucha gente reza aquí, siempre en buen ambiente. Te cuento que los latinos que vienen aquí son más que nada mujeres de Colombia y Perú, aunque hay también de otros países, que trabajan cuidando a gente de edad. Trabajan con personas mayores que son de credo judío. Estas hermanas de Latinoamérica las atienden con mucho cariño y en muchas de nuestras fiestas, han venido con estas personas acompañando a las señoritas que las cuidan.  Eso también da mucha alegría porque aquí todos son bienvenidos para compartir un momento de fiesta. 

Con parte de la comunidad

 

 

P: ¿Los israelíes se interesan por lo que ustedes hacen?

R: Sí, siiempre, siempre estamos recibiendo llamadas en hebreo  preguntando “¿iesh mísa?”,o sea si hay misa, porque les resulta interesante ver. Y son muy respetuosos.  Es que es interesante, cantamos en latín, tenemos pantallas de televisión  que permiten seguir todo el servicio. Nos preguntan muchas cosas, quieren conocer todos los detalles. Aparte, en Tel Aviv hay un ambiente muy abierto.  Y a todos les  llama mucho la atención ver tanta gente de distinto color, en todas las misas, de que cada misa sea un evento particular. En cada evento, sea una boda, un funeral, un bautismo, cada grupo viene vestido como lo hace tradicionalmente en su tierra para ir a misa. Es muy folclórico. Ver tanta gente de tan diferentes nacionalidades en un lugar, no se da todos los días en todos lados.

 

P: ¿ Y qué dice toda esta Torre de Babel de su sacerdote mexicano?

 

R:  Me parece que están contentos. Los árabes son muy simpáticos dicen que hablan árabe “mexiqui”, es decir, árabe mexicano, porque pues yo no lo hablo perfecto, pero ellos entienden ya mi modo de hablarlo. Creo que ser latinoamericano muchas veces nos ayuda a romper esquemas, somos gente sin filtro. Al inicio me costaba mucho entrar con la comunidad árabe  porque son más reservados, y yo empezaba a bromear y no siempre lo entendían bien. Con  los africanos  es una bailada toda la misa, ¿no? Entonces tienes que adaptarte a cada comunidad a lo que ellos están acostumbrados para que todos puedan orar.

 

P: Esta variedad ¿te parece que tiene que ver con la libertad decultos en Israel, donde cada uno profesa su fe sin problemas?

 

 

R: Por supuesto. Y para nosotros esto ha sido y es muy importante. Fíjate que en tiempo de la pandemia, nosotros hemos sentido realmente algo muy especial. Lo  que muchos países católicos de tradición cristiana en el mundo no han podido hacer en Israel, nosotros lo hemos podido hacer siempre. Ese fue un tiempo en el que toda la gente buscaba  una conexión con Dios para entender lo que estaba sucediendo en el mundo. Y aquí nosotros tuvimos el apoyo del gobierno, siguiendo protocolos  por supuesto. Incluso en países de tradición cristiana, en países con mayoría católica, tenían las iglesias cerradas y aquí no. 

 

P: ¿Y tú quieres decir que eso solo puede ser producto de un esfuerzo explícito de las autoridades por hacer posible que la gente pueda orar, cada uno en su templo? 

 

R: Claro. No es  porque nosotros seamos más poquitos que nos dejaban rezar, ya que también a  los musulmanes les permitían y de ahí yo tomé la idea. Me enteré que los musulmanes habían recibido permiso de rezar e un parque muy grande que está pegado a la playa, ya que ahí iba a ser posible mantener distancia social. Inmediatamente me informé para ver qué espacio teníamos nosotros, llamé al municipio, vinieron enseguida,  vieron el espacio grande detrás de la iglesia que inmediatamente el municipio nos proporcionó también unas barreras metálicas para dividir las islas con la cantidad permitida de personas en cada una. Cada isla tenía un responsable y la policía allí nos ayudaba a mantener ese orden. Entonces yo creo que eso es algo muy bueno. Cuando tuvimos la visita del alcalde de Tel-Aviv-que viene dos veces por año a saludarnos, en Navidad y Semana Sant-, yo le di las gracias, realmente, porque trabajaron conjuntamente con nosotros y la gente quedó muy agradecida.

 

P: Es muy importante sentirse respetado y más que nada siendo minoría, ¿verdad?

 

R: Exactamente. La gente lo agradece. Aparte, recordemos que toda esta gente que forma nuestra comunidad, salvo los locales, de hecho al trabajar aquí también prestan un servicio en el Estado de Israel, y es una gran cosa que sientan esa actitud de parte del gobierno del municipio, porque así tienen esta posibilidad de vivir una vida mejor y también de poder ayudar a su familia en el lugar donde se encuentren a vivir de una manera pues más dispersa, ¿verdad?

 

P: Así es, muy importante.

A nivel personal

 

Agustín Pelayo estudió administración turística y recién después decidió ser sacerdote. Ya como religioso, su gran sueño era venir a Tierra Santa. Aquí estudió 10 años para ser sacerdote. Tuvo varias estaciones en Belén, en distintas partes de Jerusalem, estudió árabe en Egipto y tras varios años en Jerusalem llegó a Iafo (Jaffa) en Tel Aviv, donde estuvo seis años como Superior y cuatro como párroco en la iglesia San Antonio de Padua.

 

Domina menos hebreo que árabe, según nos cuenta.  Hizo un curso ordenado de hebreo en el ulpán pero a menudo, cuando hablaba con algún israelí que captaba que le costaba un poco, su interlocutor enseguida pasaba al inglés para facilitarle lo cual al final no resultó de ayuda porque no aprendió hebreo al nivel que le hubiera gustado. 

 

 

P: ¿Cómo te sientes tú en Israel? Aparte de tu condición de sacerdote. 

 

R : Yo te digo sinceramente que en Israel me siento en mi casa, yo me siento sinceramente muy bien. Yo voy todos los lunes a enseñar de teología a los seminaristas franciscanos en Jerusalén. Le he tomado mucho sabor, en vez de ir conduciendo con el coche, viajar con los medios públicos, con como viaja toda la gente, porque me gusta en cierto modo vivir como vive la gente local. Y ver  la cultura, la gente cómo va vestida, ver tanta gente distinta, de distintas maneras, de los que son más religiosos, menos religiosos, los militares, musulmanes, emigrantes, turistas. Esto es muy interesante. Incluso en el tren he encontrado gente de comunidad o de Jerusalén. Es muy interesante.

 

P:  ¿Cada cuánto has ido a México a ver a tu familia? 

 

R: Te cuento que mi familia ha venido cinco veces, les ha encantado. Yo hace tiempo que no voy, porque fueron los años de pandemia. 

 

P:  ¿Qué mensaje quisieras transmitir para terminar? 

 

R: Mi mensaje es decir a la gente que ahora que han abierto las fronteras, que vengan todos, judíos, cristianos, musulmanes,  todos, todos son bienvenidos en  Israel.  Brujim habaím, ahlan wasahlan. La presencia de todos es importante para nosotros. Como cristianos, que somos una pequeña minoría, cuando vienen grupos de peregrinos o turistas, nos sentimos un poquito más.

 

P: Muy bueno que has dicho bienvenidos tanto en hebreo como en árabe.Mil gracias por tu tiempo y por esta hermosa entrevista. Y felices Pascuas.

 

R: Gracias a ti también por tu atención.

Ana Jerozolimski
(13 Abril 2022 , 13:40)

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